¿Por qué participar en el proyecto 333?

Escrito por ValeDeOro

Cada uno tendrá su propia motivación para participar, pero aquí algunas razones muy recurrentes:

1. Aprender a priorizar

Aunque te guste revisar el armario regularmente para ver si hay algo que puedas donar, aún así siempre tienes la opción de guardar las cosas “por si acaso”. Al definir un número concreto de prendas (incluso para el trabajo) tendrás que priorizar que ropa realmente te gusta y cuales prendas tienes guardadas sin darles el uso adecuado.

Es posible que ya estés utilizando menos de 33 prendas en tu vida diaria. Guardar el resto de la ropa fuera de tu alcance te ayudará a visualizar que realmente no necesitas guardar tantas cosas que no utilizas.

2. Repensar tu consumo

Escoger 33 artículos no solo me ayuda a priorizar lo que ya tengo. También veré claramente cuanta ropa realmente tengo, y cuantas cajas acabarán guardadas porque su contenido no ha pasado la selección.

3. Aprender a distinguir la calidad

Si sólo utilizas 33 prendas, incluyendo tus pendientes y collares, entonces cada artículo será lavado con más frecuencia, te lo pondrás más veces y en general, tendrá que aguantar un uso más intensivo. ¿Cuáles de tus prendas podrán aguantarlo? ¿Qué marcas se quedarán en tu mente por ser indestructibles? ¿Cuáles prendas tendrás que sustituir a lo largo de los tres meses, porque no aguantan? Pronto sabrás distinguir la calidad, lo que te ayudará en tus compras futuras.
No se trata de pasar frió y sufrir por no tener ropa. Este proyecto te invita a experimentar con tu propio modelo de consumo.

Y si no sabes como empezar, mira esta pequeña guía de proyecto333.

Dos temporadas sin el Proyecto 333: Mis impresiones.

Escrito por 
Hacía muchísimo tiempo que tenía en mente escribiros y actualizar un poco sobre el después del Proyecto 333. Si mientras lo estaba haciendo os iba contando mis impresiones, me parecía muy interesante trasmitiros las diferencias que he encontrado en el caso contrario, lo que he echado de menos y de más.

Por qué no seguí con el Proyecto 333 a partir de otoño

Mis prendas de invierno y de otoño son aburridas. No me gustaba el invierno y uno de los motivos es que no me gustaba mi ropa de esta estación, pero no LA ROPA en general. Si quería participar en el proyecto, tenía que conseguir muchas prendas, y de calidad, para que fuese factible. Por otra parte, aquí en invierno hace bastante frío, pero en los edificios y lugares de trabajo ponen la calefacción tan elevada que hay que utilizar manga corta (paradojas de la vida antinaturales que se cargan el planeta… eeeen fin). Entiendo, por lo tanto, que tener 33 prendas de ropa de distintos grosores son pocas, si cada vez que una se viste tiene que ponerse tres o cuatro capas. Yo soy una mujer limpia y cualquier olor desagradable o corporal implica un enjuagado en la lavadora, así que casi todo lo lavo tras una o dos puestas (tres a lo sumo, manías mías). En definitiva, no me ví capaz de conseguirlo sin amargarme.

Invierno y los meses de la renovación

Está claro que nuestra forma de vestir nos influye, y que un día gris puede ser más alegre si nos vemos guapas y nos sentimos seguras, y que los días depresivos sólo apetece vestirse oscura y ancha, como creándonos nuestro propio refugio portátil ante el mundo. Durante estos meses he necesitado cambiar, por muchos aspectos de mi vida que forzosamente también lo han hecho, porque el cambio es bueno y hay que abrir la oportunidad a lo nuevo y porque igual no es cambiar, sino dejar nacer lo que siempre estuvo en ti pero no emergía. He aprovechado las rebajas muy bien, y he conseguido piezas y un estilo not bad, que me define bastante más de lo que nunca habría pensado. Ha sido cambio de look total, reforzado con más seguridad, más ganas de trabajar, más sonrisas, esas que ya no me olvido de llevar puestas siempre. Se puede decir que el invierno me ha sentado muuuy bien, y ya no odio mi armario de prendas gruesas y calentitas.

Lo que he aprendido del Proyecto 333.

Entre muchas de las cosas que ahora aplico habitualmente y de forma espontánea a la hora de vestirme después de haber pasado por el Proyecto 333 durante dos temporadas, destaco dos:
  • La capacidad para crear nuevos conjuntos con cosas dándoles un uso diferente, de forma que las reciclas y cambian por completo: utilizar vestidos como faldas, camisetas con vestidos para darles otro aspecto, pañuelos como cinturones, camisas con vestidos, faldas con jerseys de distintas longitudes y estampados… ¡Me libré de ir de uniforme siempre, con jeans y suéteres de cuello cisne!
  • Ahora miro más por cada cosa que compro, no sólo por la calidad, ya que dado mi presupuesto no puedo invertir siempre todo lo que quisiera en una prenda buena, sino que me pregunto ¿para qué la voy a usar? ¿Voy a poder utilizarla en otras ocasiones? ¿Con qué me va a combinar? ¿Me sienta bien? ¿Me gusta? … Antes de guiarme por otros asuntos como si la compro porque me es útil pero el diseño no me llama nada o me gusta pero me queda grande… He adquirido algunos vestidos para fiestas que combinados con los complementos adecuados se pueden llevar para noche o tarde, para un día más arreglado o una salida algo más informal. Que todo sirva para todo es un objetivo a la hora de no tener tantas cosas almacenadas que no se utilizan de forma asidua, y que sólo usamos una vez, además de que este tipo de prendas nos suelen costar una fortuna.
He mencionado antes, que he mejorado mi estilo y lo he definido un poco más. Pensar en que puedes tener poco te empuja, como ya he comentado, a tener lo que realmente te gusta. No voy a negar que en este tiempo he comprado por impulso, pero con más cabeza que otras veces. He seguido investigando para no comprar en las tiendas de siempre y favorecer los pequeños comercios emergentes, tanto online como físicos. Me he hecho preguntas que al resto de personas les pueden parecer absurdas, tipo: ¿cuántas bragas necesita una persona normal? ¿Cuántos vaqueros? , etc. (sigo ponderando esto,  así que si tenéis respuesta a alguna de estas preguntas, me encantaría conocerlas). Con los zapatos, otro tanto de lo mismo. Los pies, mis grandes olvidados anteriormente, no se pueden calzar ya con cualquier cosa. La máxima es tener menos, pero de mayor calidad. ¡Básicos, básicos, básicos!

Lo que NO he echado de menos del Proyecto 333.

Son pocas cosas, me he acordado mucho de él, pero podría decir que estaba contenta de no tener que elegir entre sólo dos chaquetas sino coger en cada caso la que me iba mejor al conjunto, y en cada momento lo que me apetecía… Aún así, es cierto: hay prendas de mi armario que no he tocado en todo este tiempo… Y eso es lo que me impulsa a volver a él.

Lo que SÍ he echado de menos del Proyecto 333.

EL ESPACIO. Antes todo estaba ordenado, como mucho había un conjunto fuera del guardarropa. Todo combinaba, todo se veía limpio, todo CABÍA en mi armario sin problemas de espacio. EL TIEMPO. ¿qué me pongo? no era un dilema delante del armario con miles de pruebas delante del espejo, desordenándolo todo para tener que guardarlo antes o después, sino una pregunta con fácil respuesta. Todo encajaba, y todo estaba SIEMPRE listo, ya que ponía una lavadora cada sábado, y planchaba esa ropa de la semana. Ahora, al tener tanta, puedo pasar dos o tres semanas sin lavar, echando de menos prendas básicas, acumulando lotes de ropa interminables que dan taaanta pereza que al final los llevo arrugados, o arrugados porque se prensan en el armario, porque no caben. EL DINERO. Todos los meses he comprado dos cosas o tres como mínimo. Que sí, que mi armario lo pedía a gritos, pero cuando hacía el proyecto, si algo entraba, algo tenía que salir… Tengo en mente una nueva entrega, cuando tenga tiempo de clasificar y guardar lo más grueso. He sacado mi ropa de verano, que … ¡sólo es una cajita de cartón de 40x40x30cm! ¡No lo recordaba! Me pregunté…¿dónde está el resto de mi ropa? Obviamente, me deshice de todo, y realmente no necesito ni la mitad de las cosas que tengo, sólo lo que me encanta, lo que me hace sentir especial. Dejar hueco para que entren cosas positivas, porque es más difícil que esto pase si el espacio ya está saturado: se arrugan y no quedan bien… Me voy a hacer próximamente con unas perchas de madera, las necesarias, y voy a elaborar una nueva etapa, no sin antes tirar ingentes cantidades de cosas que me gustan pero que están viejas, o cosas que nunca uso. Alguien que no recuerdo ahora mismo dijo una vez que un Arquitecto tenía que ir siempre bien vestido porque en cualquier momento podía ser objeto de homenaje. Yo estudio esto mismo, y me debo a mi profesión. Simplificar y ordenar es nuestro trabajo, y creo en un entorno ordenado para una mente con estas características. Próximamente, más noticias sobre mi vuelta a este proyecto…
LuLiLa
http://lulilaenunamaleta.blogspot.com.es/

Un año sin comprar ropa

Escrito por 
[Entrada de @robertosancheze] Debería puntualizar y seguir siendo sincero como en todos mis artículos: casi sin comprar. Desde el mes de julio del año pasado, el 2010, sólo me he comprado un bañador y unas sandalias -ambos recientemente-. El bañador, porque el del año pasado me ha quedado grande al haber perdido unos pocos kilos, así que lo he donado. Las sandalias, porque las que tenía ya estaban bastante deterioradas después de haberlas usado durante trece veranos, esto es, trece años. Lógicamente no las he donado y han ido directamente al cubo de la basura. Desde que decidí cambiar mi estilo de vida y apostar por la simplicidad me he topado, sobre todo a través de Internet, con diferentes desafíos: vivir con menos de 100 cosas, elproyecto 333, etc. Con algunos de mis comentarios he mostrado mi apoyo por estos desafíos, pero uno de los cambios que vengo trabajando en pro de esa simplicidad es desaprender esa manía que tenemos de contarlo todo, de medirlo todo -queda pendiente para otro post-. Es por eso que no me uní a estos desafíos y cree el mío propio. Y no, no fue no comprar en un año -ya estaría contando-, aunque hoy esté de “celebración” por ello. Mi desafío era y es no comprar nada que no necesite nunca más. Hablando de ropa y complementos, durante este último año he revisado mi armario unas tres o cuatro veces. Un minimalista no tiene porque ser un radical, aunque muchos lo piensen, así que no se trata de ponerse un día ante el armario y tirarlo todo. Es por eso que durante este primer año he necesitado más de un día de revisión y limpieza. Lo cierto es que seguramente podría haber dejado el armario tal y como está hoy mismo desde el primer día. Sin embargo, uno decidió ser elástico y ha dado segundas oportunidades a algunas prendas. Ahora bien, ninguna ha pasado de la tercera ¿Por qué no he comprado nada? No ha sido un ejercicio antisistema ni anticonsumo, qué va. En realidad, si he logrado cambiar esa tendencia consumista simplemente ha sido como consecuencia del verdadero motivo por el que no he comprado nada más, algo tan sencillo como que no lo he necesitado. De verdad, por experiencia propia, puedo asegurarte que hoy, exactamente hoy, tienes toda la ropa, calzado y complementos que puedas necesitar para un año entero. Es más. Haberme quedado con poca cosa concienciándome del impacto que tiene mi consumismo sobre mí mismo -sobre todo a nivel emocional y económico- y sobre el planeta -la ropa también está hecha de recursos naturales y su fabricación es contaminante-, me ha servido para darle aún más valor a lo poco que tengo, por lo que lo cuido más, se deteriora menos y me dura más. Consecuencia directa: ni tan sólo tengo la necesidad real de comprar porque toda mi ropa está en casi perfecto estado, como nueva, con lo que veo muy lejos el día en que tenga que comprarme algo, que lógicamente llegará, pero que dudo sea dentro del próximo año. ¿Dos años sin comprar? No lo sé. A este ritmo tal vez sean tres o cuatro. La verdad, tampoco me importa cuanto Además de minimizar mi impacto económico, emocional y ecológico, otras muchas cosas han cambiado en mi vida. No voy a listarlas todas, me quedo con una: ya no voy de compras. ¡Ooooh! ¡Sacrilegio antisistema! ¿Y qué haces los fines de semana? ¿Estás en casa todo el día? ¿No te aburres? Se preguntarán muchos… Pues mira, hace meses que no piso un centro comercial -el templo del consumidor-, y aprovecho todo ese tiempo para hacer actividades que me devuelven a lo esencial, a lo que soy. Es decir, disfrutar de la naturaleza. Algo que perseguía desde hacía mucho tiempo, años, y que por fin este año ha sido el protagonista de mi tiempo libre. Ya sea invierno o verano, exceptuando los días de lluvia -y no todos; que mojarse bajo un chaparrón también es muy divertido y sano-, éste ha sido un año de actividad natural exhaustiva. Tampoco listaré todo lo que me ha aportado disfrutar semanalmente de la naturaleza, aunque sí puedo nombrar lo que no me ha quitado: tiempo, dinero, energía, tranquilidad, aire puro, etc. Por cierto, todas esas cosas de las que se quejan muchos de no tener. Ya lo sabes, tú eliges. Resumiendo, ha sido un año de cambio. He cambiado menosprecio por valor, descuido por mimo, gasto por ahorro, irresponsabilidad por responsabilidad, coche por bicicleta, fluorescentes por Sol, estrés por tranquilidad, climatización por aire puro, inconsciencia por consciencia, etc. Y todo por el simple hecho de no comprar sin necesidad. [Entrada de @robertosancheze]